HUellas Huétor Tájar crea el Paseo de las Mujeres Invisibles: un espacio que no solo embellece el entorno. Un lugar donde la memoria no se encierra en una vitrina, sino que se camina. Un proyecto de la delegación de Igualdad y Corresponsabilidad de la Diputación de Granada y el Ayuntamiento de Huétor Tájar.
Durante décadas, las mujeres de Huétor Tájar han sostenido el pueblo desde abajo, desde dentro y casi siempre desde el silencio. Han trabajado la tierra, cosido en casas ajenas y propias, criado, cuidado, enseñado, resistido. Sus nombres rara vez aparecen en placas, calles o libros de historia. Sin embargo, sus huellas están en todas partes.
De esa constatación nace Proyecto Huellas, una iniciativa impulsada por la Delegación de Bienestar Social, Igualdad y Familia de la Diputación de Granada, que propone algo tan sencillo y a la vez tan radical como mirar el territorio con perspectiva de género. Mirarlo de otra manera para reconocer la memoria legada por las mujeres, visibilizarla y convertirla en un valor cultural, social y también simbólico para la provincia.
Escuchar antes de nombrar
El proyecto Huellas, impulsado por la delegación de Igualdad y Corresponsabilidad de la Diputación de Granada forma parte de una iniciativa provincial destinada a la recuperación de la memoria de las mujeres. Su objetivo es traer al presente relatos que durante demasiado tiempo permanecieron en silencio, para que no se pierdan, para que se escuchen, para que se hagan visibles. El proyecto de Huétor Tájar comenzó en marzo de 2025 con una reunión informativa en el Centro de Participación Activa de Huétor Tájar. Acudieron entre treinta y cuarenta personas, mayoritariamente mujeres. Algunas llegaron con curiosidad, otras con recelo, otras simplemente con ganas de contar.
En las primeras sesiones aparecieron patrones conocidos: mujeres muy mayores que no terminaban de comprender el objetivo, pero que traían consigo una memoria viva imprescindible; mujeres que entendieron rápidamente el sentido del proyecto y se implicaron; y otras que preguntaban —con lógica desconfianza— para qué serviría remover recuerdos, qué se haría con sus historias, qué quedaría al final.
Con el paso de las semanas el grupo se estabilizó. La confianza empezó a fluir. Y con ella, los relatos.
Oficios, cuidados y resistencia
Las historias personales dieron paso a una memoria colectiva. Aparecieron los trabajos que marcaron la vida de generaciones de mujeres en Huétor Tájar: el campo —remolacha, tabaco, aceituna, cebolla—, la costura doméstica y para fábricas, la centralita telefónica, la fábrica de tomates, el estraperlo, los cuidados invisibles.
Cada relato aportaba detalles que no aparecen en los archivos oficiales: las manos teñidas de azul por el tinte de los vaqueros, las carreras para avisar de una conferencia telefónica, las casas donde se bordaban velos a la luz justa, las mujeres vestidas de negro asomadas a la puerta viendo pasar la vida.
La grabadora sustituyó pronto a las notas apresuradas. Porque cada matiz importaba.
Doña Antonia, la maestra
Entre todas las figuras evocadas, una fue creciendo hasta convertirse en símbolo: Doña Antonia, la maestra. Casi cuarenta años dedicada a la educación de niñas y jóvenes del pueblo, en condiciones durísimas, con métodos pedagógicos avanzados para su tiempo, y una biografía atravesada por la represión franquista, la viudedad, la resistencia cotidiana y el compromiso ético.
Su historia no solo hablaba de ella, sino de lo que muchas mujeres fueron y no pudieron ser reconocidas. Durante semanas se debatió la posibilidad de poner su nombre a una calle. El dato era contundente: en Huétor Tájar no existía ninguna calle con nombre de mujer del pueblo.
Cuando el espacio se convierte en memoria
Finalmente, el proyecto dio un giro fértil. Si no era una calle, ¿por qué no un lugar distinto? Así nació la idea de crear un paseo o jardín en homenaje a las mujeres invisibles, un espacio vivo, transitable, cargado de significado.






Las mujeres participantes comenzaron a asociar tipos de mujeres con plantas: las invisibles con violetas, las emigrantes con bulbos que van y vienen, las trabajadoras del campo con olivos, las maltratadas con siemprevivas, las maestras con margaritas, las bordadoras con flores de encaje. La metáfora vegetal permitió hablar de dureza, cuidado, resistencia, arraigo y belleza sin edulcorar el sufrimiento.




El proyecto creció. El Ayuntamiento se implicó. Se buscó ubicación, se debatieron nombres —Huellas de mujer, Raíces de mujer, El jardín de la memoria— y se trabajó con el personal de jardinería para garantizar que lo simbólico también fuera viable.
Nombrar para que no vuelva a borrarse
Hoy, el Paseo de las Mujeres Invisibles se perfila como un espacio que no solo embellece el entorno, sino que corrige una ausencia histórica. Un lugar donde la memoria no se encierra en una vitrina, sino que se camina. Donde las mujeres que sostuvieron la vida dejan de ser fondo y pasan a ser paisaje consciente.

Porque cuando se nombra, se reconoce.
Y cuando se reconoce, ya no es tan fácil volver a borrar.
Proyecto Huellas es una iniciativa de memoria y género desarrollada en Huétor Tájar en 2025, centrada en la recuperación de la historia y los trabajos invisibilizados de las mujeres del municipio. A través de sesiones participativas, relatos orales y trabajo colectivo, el proyecto culmina en la creación de un paseo/jardín simbólico —el Paseo de las Mujeres Invisibles— que vincula tipos de mujeres con plantas y resignifica el espacio público desde la memoria, el reconocimiento y la justicia simbólica.
Completaremos este artículo con más información del proyecto.


