Huellas recupera la tradición textil de Pulianas a través de los recuerdos y saberes de sus mujeres. Una instalación artística colectiva transforma los gestos cotidianos de coser, bordar y remendar en un homenaje a generaciones de mujeres que transmitieron sus conocimientos de unas a otras
Hay historias que no se escribieron en los libros, pero quedaron prendidas en los tejidos. En los bordados que acompañaban los acontecimientos familiares, en las prendas que se guardaban para ocasiones especiales, en las telas que se remendaban una y otra vez para prolongar su vida. Historias de mujeres que aprendieron observando las manos de sus madres y abuelas y que, sin apenas darse cuenta, fueron transmitiendo mucho más que una habilidad.
En Pulianas, esa memoria tiene una estrecha relación con las labores textiles y, especialmente, con el bordado en tul, una tradición profundamente vinculada a la historia del municipio. Recuperar esos conocimientos, reconocer su valor y convertirlos en una creación artística contemporánea ha sido el propósito de Huellas Pulianas: Memoria Textil, una iniciativa impulsada por la Delegación de Igualdad y Corresponsabilidad de la Diputación de Granada, en colaboración con el Ayuntamiento de Pulianas.






Presentación del proyecto Huellas Pulianas con Maria del Carmen Reinoso, diputada de Igualdad y Corresponsabilidad de la Diputación de Granada, y el equipo de mujeres.
El equipo de mujeres de Huellas Pulianas ha trabajado de la mano de la artista textil Beatriz Constán en un proceso de encuentro, conversación y creación compartida que ha permitido rescatar una parte de su historia a través de sus propias experiencias.
Los tejidos cuentan historias
Durante las sesiones de trabajo, las participantes han compartido recuerdos relacionados con las labores textiles que formaron parte de su vida y de la de las mujeres que las precedieron.
Algunas llevaron prendas antiguas, bordados y tejidos conservados durante años. A partir de ellos surgieron conversaciones sobre las formas de coser, bordar, lavar, reparar y guardar la ropa, pero también sobre las circunstancias en las que se utilizaba cada prenda, las celebraciones familiares y las costumbres de otras épocas.
Los tejidos nunca fueron únicamente objetos de uso cotidiano. Una mantelería bordada podía acompañar las grandes celebraciones familiares; una prenda cuidadosamente conservada podía pasar de madres a hijas; una tela remendada hablaba de la necesidad de aprovechar los recursos disponibles y del ingenio para hacerlo.
Los textiles fueron archivos íntimos y emocionales, capaces de conservar recuerdos, afectos y formas de vida.
En esos encuentros afloraron historias sobre cómo se aprendían las labores, quiénes las enseñaban y cuánto tiempo, paciencia y dedicación exigían. Conocimientos que rara vez recibían reconocimiento, pese a resultar esenciales para la organización y el sostenimiento de la vida cotidiana.
El proyecto ha permitido mirar esas tareas desde otra perspectiva: en lugar de valorarlos como obligaciones domésticas tradicionalmente asignadas a las mujeres, se aprecian como un conjunto de saberes, habilidades y experiencias que forman parte de la memoria colectiva de Pulianas.
Una de las singularidades de Huellas Pulianas ha sido detenerse en algo que habitualmente pasa inadvertido: los pequeños gestos que acompañan las labores textiles. Enhebrar una aguja, sujetar una tela, tensar un hilo, anudar, doblar, unir o remendar son movimientos aparentemente sencillos que esconden años de aprendizaje.
Gestos repetidos miles de veces, aprendidos mediante la observación y perfeccionados con la práctica. Las manos recuerdan cómo hacerlos incluso cuando resulta difícil explicar con palabras todo el conocimiento que contienen. A partir de las conversaciones, Beatriz Constán propuso a las participantes identificar esos movimientos y buscar una manera de representarlos artísticamente.
El objetivo no era reproducir los bordados tradicionales, sino transformar la memoria de aquellas labores en un lenguaje creativo capaz de hacer visible el conocimiento de las mujeres. Así comenzó un proceso de experimentación en el que los tejidos y la cerámica se encontraron para dar forma a una obra colectiva.
La memoria en tul y barro
Algunos procedían de las propias participantes, que habían llevado prendas y tejidos antiguos para compartir sus historias. Otros fueron aportados por la artista para evitar que aquellas piezas conservadas con tanto cuidado pudieran deteriorarse durante el proceso.De esta manera, las tramas del tejido quedaron grabadas en la cerámica, trasladando a un nuevo material las huellas de una tradición transmitida durante generaciones.
El tul, especialmente el negro, ocupa un lugar protagonista en la instalación por su vinculación con la tradición textil de Pulianas. Durante los talleres, las mujeres trabajaron con barro, estampando sobre su superficie diferentes tejidos de tul para dejar impresas sus tramas, dibujos y texturas.
Las piezas cerámicas negras hacen referencia al tul negro tradicional del municipio. Con ellas, las mujeres elaboraron pequeñas composiciones que representan acciones relacionadas con el trabajo textil. Cada gesto encontró una forma propia. Coser, bordar, unir, sujetar o remendar dejaron de ser movimientos invisibles para convertirse en elementos de una creación artística.
Un jardín textil que crece desde la memoria
El resultado de este proceso es Memoria Textil, una instalación mural de aproximadamente dos metros de altura y tres de anchura, compuesta por bastidores circulares de diferentes tamaños, piezas cerámicas y tallos elaborados con varillas de hierro revestidas de sisal.
La composición recuerda a un jardín que crece y se extiende por la pared. Los bastidores de tul negro contienen las piezas cerámicas en las que han quedado impresas las tramas textiles. Cada uno representa un gesto vinculado a las labores que las mujeres han realizado y transmitido a lo largo del tiempo.
Junto a ellos, los bastidores de tul blanco incorporan hojas de cerámica que aportan ligereza y contraste. Los tallos conectan los diferentes elementos y construyen una composición orgánica en la que las piezas individuales se relacionan hasta formar una obra común.
Como sucede con la propia memoria colectiva, cada elemento conserva su singularidad y adquiere un significado más amplio al encontrarse con los demás.
El resultado combina la transparencia y delicadeza del tul con la textura y el volumen de la cerámica. Una obra contemporánea que no pretende reproducir el pasado, sino establecer un diálogo entre los conocimientos heredados y las nuevas formas de expresión artística.
La instalación permanecerá en Pulianas como testimonio de este proceso colectivo y como reconocimiento a las mujeres que han contribuido a preservar una parte fundamental de la identidad del municipio.


