Lourdes es Jefa de la Sección de Divulgación Científica del Parque de las Ciencias de Granada. Ha comprobado como periodista e investigadora que la identificación es clave para generar motivación en la ciencia y lograr una “democratización social y de género real”
“La ciencia no debe ser un monólogo, sino una conversación de ida y vuelta”. La frase no es un recurso retórico: es el eje que atraviesa toda la manera de entender la divulgación científica de Lourdes, doctora en Comunicación Científica e investigadora en el Parque de las Ciencias. Tras más de 17 años trabajando en comunicación y marketing cultural, decidió dar un giro profesional poco habitual en España: dejar de contar la ciencia para investigar cómo se comunica y, sobre todo, para quién. Doctorada en Comunicación Científica y tras estancias en referentes mundiales como el Museo Americano de Historia Natural y el Museo de Historia Natural de Londres, desde 2023 es Jefa en la Sección de Divulgación Científica del museo granadino.
Lourdes ofrece una visión de la ciencia y la comunicación que va mucho más allá de lo académico, basándose en su propia transición de periodista a investigadora y en su firme convicción de que el conocimiento debe ser un derecho accesible para todas las personas. “No es un proceso rápido. Investigar requiere tiempo y rigor”, explica. Aun así, en apenas tres años ya ha desarrollado estudios clave, como el análisis de una exposición sobre inteligencia artificial, donde comprobó que los espacios no formales —museos, actividades culturales, experiencias fuera del aula— son especialmente eficaces para trabajar las dimensiones éticas y sociales de la tecnología. “Ahí es donde los jóvenes pueden detectar sesgos de género o de procedencia sin que se lo impongas”, señala.
Creencias motivacionales: bajar a la científica del pedestal
Uno de los grandes ejes de su investigación tiene que ver con la desigualdad de género en ciencia. Lourdes lo resume con claridad: “No es solo que las niñas vean que son capaces; es mostrar que pueden llegar ahí”. Según sus estudios, mostrar a científicas como figuras excepcionales, casi inalcanzables, no genera identificación. Al contrario, puede reforzar la idea de que ese mundo no es para ellas.
Por eso, en el Parque de las Ciencias decidieron cambiar el enfoque. “Hemos empezado a mostrar el lado más humano de las investigadoras”, cuenta. En lugar de currículos imposibles, además de sus logros en la vida profesional y académica, para crear ese impulso en las nuevas generaciones, hablan de su vida cotidiana: que tienen mascotas, familia o que les gusta salir a comer un kebab. “Parece una tontería, pero es clave para generar identificación”, afirma. Ese proceso está ligado a lo que se denomina “creencias motivacionales”. “Si tienes un objetivo y crees que es alcanzable, sigues esforzándote. Eso favorece la preferencia y la persistencia en el esfuerzo”; y para esto, la identificación es clave: “Personas que tienen una vida como tú, que les gusta la música, que tienen otras inquietudes, que no son seres excepcionales”.

El resultado es muy positivo. Tras la última actividad de divulgación de las Mujeres en la Ciencia el pasado 11 de febrero, donde el equipo de el Parque de las Ciencias puso en marcha un evento con mujeres científicas y divulgadoras en diferentes campos de la Ciencia y Tecnología, el público joven reaccionó con un entusiasmo propio de los conciertos de sus bandas de música favoritas : “Al terminar, las chicas y chicos se acercaban a pedir autógrafos a las participantes”. Para Lourdes, esa escena resume el impacto real de la divulgación cuando se hace desde la cercanía.

Lourdes insiste en que «La ciencia debe concebirse con, por y para la sociedad» y muestra de ello, comenta, es que la comunicación en ciencia ha dado un paso más, saliendo del marco unidireccional, “ya no se trataría de generar únicamente una comunicación de los y las científicas hacia la sociedad, sino que se que se está promoviendo la participación y la conversación; que las personas que se dedican a la investigación aprendan de la ciudadanía y viceversa”.
Para esto, defiende que la divulgación científica debe salir de los circuitos habituales y llegar a quienes nunca se han sentido interpelados por la ciencia, “Si tú nunca has ido a un museo en tu vida, no sabes si eso te gusta o no”, reflexiona, “se necesita cierto conocimiento para tomar decisiones que afectan a tu bienestar, como la salud o la sostenibilidad”.
Esta visión ya se está trasladando a políticas públicas. Lourdes nos cuenta que el Parque de las Ciencias y todo su equipo, participa en el diseño de la Estrategia Andaluza de Divulgación Educativa de la Ciencia (2026-2030), que por primera vez conecta educación formal y no formal e incorpora la brecha de género como uno de sus pilares.
Hablando de comunicación en la ciencia, Lourdes señala que la divulgación científica arrastra una herencia profundamente masculina. “Si pensamos en los grandes divulgadores de los últimos 30 años, los nombres que nos vienen a la cabeza son hombres”. Cita referentes indiscutibles como Carl Sagan, David Attenborough, Félix Rodríguez de la Fuente o Manuel Toharia. “Han hecho un trabajo enorme y fundamental, pero ese imaginario ha sido muy homogéneo”.
Ese modelo, explica, ha contribuido a construir una imagen de la ciencia asociada a una autoridad casi incuestionable y, en muchos casos, poco diversa. Sin embargo, Lourdes percibe un cambio claro en la última década. “Está aumentando el número de mujeres divulgadoras, y eso va a tener un impacto muy importante”, afirma. No solo por una cuestión de representación, sino porque amplía las formas de contar la ciencia.
Para ella, tan importante como visibilizar nuevas voces es rescatar a las referentes. “Hemos tenido mujeres increíbles que no siempre se han reconocido como divulgadoras”, subraya. Cita a Margarita Salas, a quien define como “una divulgadora extraordinaria”, y a Josefina Castellví, la primera mujer en dirigir una base antártica. “Han hecho muchísimo por posicionar a la mujer no solo en la investigación, sino también en la divulgación científica”.
Además de nombres contemporáneos “que van a ayudar mucho a que las niñas y las jóvenes sientan que bueno, que en la ciencia hay un espacio también para ellas”. Lourdes cita nombres como Margarita Sánchez, catedrática de Prehistoria y Vicerrectora De Extensión Universitaria, Patrimonio y Relaciones Institucionales de la Universidad de Granada, una referente en el ámbito de la divulgación y también de la investigación; Clara Grima, doctorada en matemáticas y divulgadora reconocidísima de la Universidad de Sevilla; o Rocío Vidal, joven divulgadora con miles de seguidores en su perfil La Gata de Schrödinger.
El teatro como herramienta científica
En este cambio de paradigma, Lourdes defiende que el teatro juega un papel central. No como adorno, sino como una herramienta estratégica. “Los formatos tradicionales, con el experto en un atril, marcan una distancia insalvable”. Frente a eso, para ella, el teatro permite dinamizar, emocionar y romper jerarquías.



Lourdes Pérez López, Isabel Veiga Barrio y Marina Jun Carranza, María Ruz y Alba Sánchez en el 11F del Parque de las Ciencias.
“Cuando incorporamos una actriz para conducir la actividad, todo cambia”, explica. Las evaluaciones realizadas entre profesorado y alumnado en actividades de divulgación científica donde han utilizado las artes escénicas lo confirma: el formato resulta más horizontal, más cercano y mucho más eficaz para que el mensaje cale. “El teatro permite empatizar y facilita que el alumnado se identifique con quienes están haciendo ciencia”.
Además, este tipo de experiencias favorece un aprendizaje activo, especialmente útil para abordar cuestiones complejas como la ética científica o el contexto social de la tecnología. “Hay cosas que el aula tradicional no siempre permite trabajar”, apunta.
La ciencia como expansión y libertad
Lourdes lanza un mensaje propio a las niñas y las mujeres que lean este reportaje: “Que no nos auto limitemos”. Lourdes reivindica una vida sin compartimentos estancos y critica el inmovilismo que, en su opinión, sigue pesando en España. “Nada es inamovible”, insiste.
Ella misma es un ejemplo de ese cambio: “Quiero transmitir que nos podemos permitir el lujo de cambiar de opinión, de gusto y de profesión”. Para Lourdes, las crisis y el sufrimiento no son fracasos, sino oportunidades para redescubrirse. “Los intereses que tienes a los 18 no tienen por qué ser los mismos a los 47 o a los 65”.
Su propuesta defiende acercar el conocimiento a la vida cotidiana para que deje de ser un privilegio. Porque para ella, la ciencia no sirve solo para trabajar mejor, también “para ser un poco más libres”.


