La Diputación de Granada pone en marcha la UIM, la Unidad de Información a las Mujeres, un servicio de información y asesoramiento en igualdad y atención individualizada a mujeres en municipios de menos de 1.000 habitantes
En los municipios más pequeños de Granada, el tiempo parece transcurrir a otro ritmo, pero para las mujeres víctimas de violencia de género, ese tiempo puede convertirse en una condena de silencio. Los datos que proporcionan los estudios son reveladores: en localidades de menos de 2.000 habitantes, una mujer tarda una media de 20 años en romper el silencio y contar su historia de maltrato.
Conscientes de esta realidad, y de otras problemáticas que afectan a las mujeres rurales, la Diputación de Granada ha puesto en marcha la Unidad de Información a las Mujeres (UIM), un servicio de atención telefónica, con el número 669534402, que nace para combatir la invisibilidad de las dificultades de las mujeres rurales en los temas relacionados con la Igualdad. Silvia Molina Castaño, técnica de la delegación de Igualdad y Corresponsabilidad de la Diputación de Granada, y responsable tras la primera respuesta del servicio, nos explica que la violencia y la desigualdad en pueblos tan pequeños no es necesariamente mayor, pero sí tiene características propias que la hacen más difícil de detectar: la dispersión geográfica, el estrecho conocimiento entre vecinas y vecinos, y un índice de masculinidad más elevado que en municipios más grandes o entornos urbanos.
Un teléfono que ofrece algo más que información
A diferencia de las líneas de atención estatal y autonómica: el 016 del Ministerio de Igualdad o el teléfono de la Junta de Andalucía, 900 200 999; la UIM se define por la cercanía y el seguimiento. Silvia destaca que la UIM permite un acompañamiento integral. «Nosotras podemos atender la consulta puntual, pero si lo necesitan, lo que vamos a hacer es un seguimiento de la casuística que tengan», explica.

Silvia asegura que el derecho de las mujeres es recibir un servicio integral de atención multidisciplinar, según recoge la LOE 1/2004 donde diferentes profesionales trabajan en conjunto. Por esta razón, el equipo de la UIM incluye: una agente de igualdad para la acogida y el seguimiento continuo, ‘tirando del hilo’ de cada caso; psicólogas, orientadoras laborales; y una asesora jurídica para abordar el aspecto psicológico y los derechos legales.
Además, el servicio sirve de puente con otros recursos, de la propia Diputación y de fuera de ella, como el servicio Atenpro (teleasistencia para víctimas), el Instituto Andaluz de la Mujer, o el Equipo de Atención a la Mujer del Servicio andaluz de Salud, el Servicio de Asistencia a Víctimas en Andalucía de la Consejería de Justicia(SAVA), entidades del tercer sector, etc. Todo ello para asegurar que ninguna mujer se pierda en el laberinto burocrático de la administración.
El formato telefónico no es casual. En un pueblo pequeño, entrar en un centro de servicios sociales o relacionado con el tema, puede ser un acto vigilado no sólo por el agresor, sino por el entorno social. El teléfono actúa aquí como un escudo de discreción, permitiendo que la mujer pida ayuda sin salir de su entorno o levantar sospechas.
La multidimensionalidad de la problemática y la necesidad de un abordaje interdisciplinar
La UIM no trabaja de forma aislada. Uno de los puntos clave de la filosofía de este servicio es no quedarse solo en el ‘parche’ de la necesidad inmediata. Su enfoque busca generar resultados tanto a medio como a largo plazo, entendiendo que la problemática de una mujer rural suele ser compleja y requiere un abordaje completo y soluciones integrales. Trabajar en igualdad es un trabajo de ‘pico y pala’, señala Silvia, indispensable para que las mujeres de la Granada rural dejen de ser invisibles y puedan lograr disfrutar de una vida plena y con bienestar a todos los niveles.
Silvia nos explica que la violencia y las desigualdades de género nacen de un contexto específico, de estructuras sociales y económicas desiguales. Para ella, en un servicio integral no se trata solo de atender una emergencia, sino de modificar la estructura y el contexto social en el que se mueven las mujeres para lograr una incidencia real. Por ejemplo, señala cómo el reparto desigual del tiempo y la asunción de las tareas domésticas por parte de las mujeres es una cuestión pública que requiere un cambio en el modelo social.
En este sentido, tomándolo como ejemplo, una respuesta inmediata para favorecer la corresponsabilidad sería la creación de una ludoteca para facilitar la conciliación, pero para transformar ese modelo social a medio y largo plazo hay que trabajar simultáneamente en la sensibilización de niños, niñas y varones para romper los roles de género, «en esas ludotecas se ha de trabajar con los menores en temas de sensibilización y coeducación en igualdad».
Respecto a la violencia de género, Silvia argumenta que una mujer, no suele enfrentarse a una ‘única problemática’. Su situación puede incluir: Secuelas psicológicas que requieren atención especializada, dudas legales sobre procesos de separación o denuncia, barreras laborales y falta de autonomía económica y un aislamiento social y geográfico, especialmente grave en el entorno rural.
Tirar del hilo en la atención de la UIM
Silvia nos explica que la expresión ‘Tirar del hilo’ en la atención a mujeres revela, en una consulta aparentemente sencilla, una situación mucho más compleja. Por ejemplo, nos cuenta, una usuaria puede contactar inicialmente para pedir ayuda con su currículum o porque está ‘agobiada’ al no encontrar empleo y, al realizar un seguimiento continuo (lo que Silvia llama ‘tirar del hilo’), la técnica de igualdad descubre que el deseo de trabajar de esa mujer es, en realidad, una vía para obtener independencia económica y poder separarse de un maltratador, «y aquí es donde entra la multidisciplinariedad: lo que empezó como una consulta de orientación laboral termina requiriendo asesoramiento jurídico y apoyo psicológico para abordar una situación de violencia que estaba invisibilizada tras una necesidad económica».
La labor de la UIM va más allá de la atención individual. Silvia describe su papel frente a las instituciones locales y asociaciones de mujeres como el de una ‘traductora intérprete’. En pueblos pequeños, donde el personal administrativo a menudo está saturado con múltiples tareas, la UIM ofrece apoyo técnico , a través de una agente de igualdad, que acompaña a estas entidades paso a paso para superar obstáculos que no son solo técnicos, sino también derivados de la dispersión geográfica: Gestionar subvenciones y fondos, como el Pacto de Estado contra la Violencia de Género, subvenciones a empresarias o emprendedoras de la Diputación de Granada o la Junta de Andalucía, navegar la brecha digital, como la obtención de certificados digitales para asociaciones de municipios remotos; diseñar planes de igualdad y proyectos coeducativos por ejemplo en escuelas.
La meta final, insiste Silvia, no es solo atender casos concretos, sino transformar el entorno social que los produce. Cambiar la cultura de los cuidados, repartir de manera más justa el tiempo y las responsabilidades, y construir comunidades donde las mujeres puedan vivir sin miedo ni dependencia. En definitiva, romper el silencio que durante años ha marcado la vida de muchas mujeres en la Granada rural.