Entrevistamos a Fer F. García, coordinador de Cultura, biblioteca y memoria histórica divulgador de lectura LGBTIQA+ de la Federación Andaluza Arco Iris; dinamizador comunitario, gestor cultural especializado en promover narrativas juveniles con representación positiva y empoderadora
Tu relación con los libros parece ser algo más que una afición; hablas de la lectura como un «refugio» ¿Cómo influyó tu historia personal en tu labor actual como divulgador?
Fer García: Para entender mi labor actual, hay que volver a mi adolescencia. Crecí en un entorno donde la lectura fue mi tabla de salvación. Mis padres murieron cuando yo era pequeño y me fui a vivir con mis abuelos. Durante el instituto, mientras otros pasaban el tiempo en el patio, yo me refugiaba en la biblioteca escolar o pasaba las tardes en la biblioteca municipal. Ese contacto con los espacios públicos culturales fue vital porque, de no ser por ellos, no habría podido acceder económicamente a esos libros.
Sin embargo, al llegar a la etapa adulta, ocurrió algo extraño: dejé de leer por completo. Durante mucho tiempo no entendí por qué, hasta que el activismo me dio la respuesta: no me veía reflejado en las historias. Los personajes no hablaban como yo, no vivían lo que yo vivía; sentía que esos libros no eran para mí.
Todo cambió entre 2013 y 2014, cuando tenía unos 23 años. Descubrí un libro llamado Aristóteles y Dante descubren los secretos del universo. Fue un fenómeno en redes sociales que llegó desde México antes de estar físicamente en España. Al terminarlo, lloré de felicidad. No entendía por qué, pero sentí que la historia de esos dos chicos había sanado algo en mí que yo ni siquiera sabía que estaba roto. Fue un romance escrito de forma preciosa, sin los dramas marginales a los que estábamos acostumbrados. A partir de ahí, empecé a investigar qué había de literatura juvenil LGBTI+, que por aquel entonces era casi inexistente en comparación con los clásicos de Oscar Wilde o Virginia Woolf.
En esos inicios, ¿qué problemas encontrabas en la representación LGBTI+ que se ofrecía comercialmente?
Fer García: El problema principal era que las pocas historias que encontraba no estaban escritas por personas de la comunidad. Se abusaba de los estereotipos y clichés. Muchas veces, el personaje LGBTI+ ni siquiera era el protagonista; era el «amigo de», un accesorio totalmente prescindible para la trama. Por eso decidí empezar a investigar a fondo cada letra del colectivo. Comencé a llevar mis propios libros a los institutos para recomendarlos a los docentes, buscando visibilizar historias donde la diversidad se tratara desde el empoderamiento y no desde la marginalidad negativa. Mi regla de oro desde entonces es que leo todo lo que recomiendo para asegurar que sean espacios seguros y positivos para los lectores.
La «Librería Arcoíris Itinerante» y el desafío rural
Has llevado esta literatura a lugares donde el acceso suele ser más difícil. Háblanos del proyecto de la «librería itinerante» y la respuesta en los pueblos.
Fer García: El proyecto nació junto a la librería Pipper de Guadix bajo el nombre de Librería/Biblioteca Arcoíris Itinerante. La idea era simple: llevar los libros que yo recomendaba en centros educativos a las zonas rurales, donde a lo mejor una concejalía de igualdad o una asociación de mujeres quería visibilizar el colectivo en sus fiestas o eventos.
El recibimiento ha sido, en su mayoría, conmovedor. La biblioteca itinerante se convierte en un punto de encuentro. La gente se acerca no solo a comprar, sino a hablar. He escuchado historias de personas mayores que tuvieron que irse del pueblo por rechazo, pero también de abuelos y padres que vienen buscando un regalo para sus nietos o hijos LGBTI+. En pueblos como Benalúa, ya nos esperan como una referencia anual.
¿Te has encontrado con barreras o situaciones de rechazo en estas zonas?
Fer García: Sí, existen barreras, pero suelen ser sutiles. Recuerdo el caso de una niña que estaba entusiasmada con una novela gráfica sobre música donde la protagonista descubría que le gustaban las chicas. Su madre, al leer la sinopsis, le dijo: «No te preocupes, vamos a dar una vuelta y ahora volvemos», y nunca regresaron. Es triste ver cómo se le niega a una joven una lectura que le hace ilusión por los prejuicios de los adultos.
A nivel institucional, también notamos fricciones. A veces, actividades programadas en bibliotecas o ayuntamientos se cancelan de repente, se retrasan o nos cambian el espacio sin mucha explicación. Los mensajes de odio suelen concentrarse más en redes sociales que en el tú a tú. Afortunadamente, nunca hemos tenido una confrontación física que ponga en peligro a los participantes de las actividades.
El «Boom» editorial y la realidad de los lectores jóvenes
Existe el mito persistente de que la juventud ya no lee. Como experto que trabaja directamente con ellos y ellas, ¿qué nos dicen los datos?
Fer García: Es un mito absoluto. Las estadísticas del Gobierno confirman año tras año que los jóvenes y los mayores de 60 años son los grupos que más leen. Incluso en las crisis financieras, donde el sector editorial sufrió, el segmento de literatura juvenil fue el único que no tuvo retrocesos económicos.
Lo que ha cambiado es cómo se lee y cómo se prescribe. Fenómenos como BookTok, Bookstagram o YouTube han revolucionado el mercado. Ahora los jóvenes son quienes crean los fenómenos literarios y las editoriales se adaptan a ellos. Gracias a este impacto, ha habido una explosión de literatura LGBTI+ juvenil. El éxito masivo de novelas gráficas como Heartstopper demostró a las grandes editoriales que hay un interés real y ventas aseguradas.
¿Cómo ha evolucionado el contenido de estos libros desde que tú empezaste a investigar?
Fer García: La evolución es fascinante. Han surgido editoriales específicas como Kakao Books, que solo publican literatura juvenil LGBTI+, recuperando incluso obras censuradas de los años 70. Ahora los libros incluyen etiquetas claras en la contraportada para que el lector sepa qué tipo de representación encontrará (trans, bi, etc.).
Un cambio fundamental impulsado por la sensibilidad de los jóvenes es la conciencia sobre la salud mental. Muchos libros incluyen ahora trigger warnings (advertencias de contenido). Esto permite que, si un libro trata temas como la pérdida de un ser querido o el acoso, el lector pueda decidir si es el momento emocional adecuado para leerlo. Es un ejercicio de cuidado hacia el lector que no solemos ver en la literatura para adultos.
Talento nacional y el futuro de las bibliotecas
¿Qué autores y autoras destacarías en el panorama español actual?
Fer García: Tenemos un talento increíble. Destaco siempre a Iria G. Parente y Selene M. Pascual, que llevan más de una década publicando con un éxito internacional arrollador. Lo que las hace especiales es la naturalidad con la que integran personajes LGBTI+ en cualquier género, ya sea fantasía, ciencia ficción o romance. Por ejemplo, en su obra Seremos el huracán, uno de los protagonistas es un chico trans, pero la trama no gira solo sobre su identidad, sino sobre sus problemas de ansiedad y la exposición pública.
También está Maeva Nieto, una persona no binaria que ha ganado premios importantes con obras de fuerte calado social, o Bruno Darío, que escribe romances veraniegos muy sanadores. Y, por supuesto, Alana S. Portero con La mala costumbre. Este libro ha logrado algo asombroso: mujeres mayores se nos acercan diciendo que, gracias a Alana, han entendido realidades que antes les eran ajenas por falta de información. Al igual que ocurrió con Las malas de Camila Sosa Villada, la honestidad de la autoficción está logrando una conexión intergeneracional única.
¿Cuál es el estado de la literatura LGBTI+ en las bibliotecas públicas y qué mejorarías?
Fer García: Es un tema complejo. En Guadix logramos crear una Sección Arcoíris permanente que ya cuenta con más de 140 títulos y sigue necesitando espacio. Aunque inicialmente temíamos que una estantería específica pudiera estigmatizar, ha servido como un faro para adolescentes que incluso vienen de fuera para pedir más novedades.
Sin embargo, el gran reto es el asesoramiento. Los bibliotecarios a menudo recurren a listas de Google que están desfasadas o que incluyen libros que perpetúan estereotipos. Es vital contar con expertos que recomienden lecturas interseccionales. No basta con que el protagonista sea gay; buscamos historias que hablen también de neurodiversidad, discapacidad funcional o diferentes etnias.
Mi deseo final es que esta literatura se naturalice en el sistema educativo. Que no sea algo excepcional o un «dramón» para leer en junio, sino que las lecturas obligatorias de historia o lengua incluyan a estos autores y estas realidades de forma habitual. Necesitamos referentes positivos que no sean sólo «para el colectivo», sino para que todo el mundo pueda desarrollar empatía y comprensión desde la infancia.

Fer nos recomienda este listado de lecturas LGBTIQA+. Todas están disponibles en eBiblio Andalucía:
- ‘Guía para lesbianas en un colegio católico’, de Sonora Reyes.
- ‘Aristóteles y Dante descubren los secretos del universo’, de Benjamin Alire Sáenz.
- ‘Seremos el huracán’, de Iria G. Parente y Selene M. Pascual.
- ‘El verano en que ardieron las flores’, de Bruno Darío.
- ‘Seremos de Cobre’, de Maeva Nieto.
- ‘Cenicienta ha muerto’, de Kalynn Bayron.
- ‘Si te vuelvo a ver mañana’, de Robbie Couch.
- ‘Esa chica me vuelve loca’, de Kelly Quindlen.
- ‘Chica conoce chica’, de Rachael Lippincott y Alyson Derrick.
- ‘Los chicos del cementerio’, de Aiden Thomas.


