Las historias de las mujeres que trabajaron en las antiguas fábricas de ladrillos y tejas de Jun cobran forma en un mural colectivo del proyecto Huellas. Testimonios, recuerdos y fotografías nutren una obra que reconoce su contribución al desarrollo del municipio y conecta su legado con las nuevas generaciones
Durante buena parte del siglo XX, el pulso y la identidad del municipio de Jun estuvieron moldeados por la tierra húmeda, el calor del horno y la manufactura de tejas y ladrillos. Sin embargo, tras la fachada de esta actividad industrial se erigió durante décadas una estructura invisible e infranqueable: el muro del silencio y la falta de reconocimiento formal hacia el trabajo de las mujeres. Para agrietar esa opacidad y reparar una deuda histórica nace Huellas Jun, una iniciativa viva impulsada por la delegación de Igualdad y Corresponsabilidad de la Diputación de Granada en estrecha colaboración con el Ayuntamiento de Jun.
El proyecto cobró forma mediante un proceso participativo de escucha, diálogo y creación compartida entre las propias mujeres del pueblo. A través del rescate de fotografías familiares, testimonios orales y recuerdos guardados en la memoria íntima, las participantes volvieron la vista atrás para dignificar la vida y obra de las trabajadoras.
Este mural no se erige para cerrar un paso, sino para abrirlo: es la transformación de una barrera de silencio en un espacio de memoria compartida donde la historia relegada de las mujeres encuentra, al fin, la luz.
La presentación de la pieza artística colectiva del proyecto Huellas en Jun coincidió con la conmemoración del Día Internacional de las Mujeres Rurales, lo que otorgó un significado especial al encuentro. Durante la inauguración, la diputada de Igualdad y Corresponsabilidad de la institución provincial, María del Carmen Reinoso, destacó el valor de estas iniciativas para rescatar la memoria de las mujeres de nuestros pueblos, con la participación de las vecinas de hoy en la reconstrucción de las historias de sus ancestras.
El trabajo en las fábricas (1940-1950)
En las décadas de 1940 y 1950, la producción de ladrillos y tejas en el municipio exigía un desgaste físico brutal. Las mujeres ingresaban en las plantas de fabricación desde edades tempranas —siendo en muchos casos apenas unas niñas— para enfrentarse al moldeado manual de la arcilla sobre el terreno, el cribado de la tierra y el tendido de las piezas al aire libre bajo soles inclementes o heladas rigurosas. Entre el barro pegajoso, el polvo en suspensión de los tejares y la doble jornada inacabable de sostener sus hogares sin tregua ni sueldo digno, estas obreras levantaron con sus manos el tejido social del pueblo sin figurar jamás en los libros de historia local.




Aquella intensa geografía laboral abarcaba un nutrido entramado de tejares y fábricas que marcaban el horizonte industrial de Jun:
- Los Serrano
- La Mugrosa
- Fábrica Nueva
- Fábrica Vieja
- El Calichi
- San Jerónimo
- Los Gumercindos
- San Cayetano
- Los Siles
- Tejar El Barrero
- La Rumbadora
- Las Delicias
Detrás de la polvareda y de los nombres de estos centros productivos se escondían rostros con voz e identidad propia que sostuvieron, en el anonimato, la economía de todo un municipio.
Las protagonistas de Jun
Frente a la abstracción del ladrillo como mero material de construcción, la memoria histórica exige rigor, afecto y nombres propios. El proyecto Huellas Jun entiende que la verdadera justicia se logra poniendo rostro y nombre a quienes amasaron la arcilla y sufrieron la invisibilidad. Nombrarlas es un acto de reparación poética y política que convierte la masa anónima de barro en un relato con biografía.
Entre las muchas mujeres que dejaron su impronta imborrable en los tejares del municipio, el proyecto rinde tributo directo a:
- Carmela
- Encarna
- Ángeles
- Antonia
- Conchita
- Anita
- Fernanda
- Paca
- Alejandra
- Carmelita
- Rosa
- Ani
- Pura
- Paqui
La pronunciación de cada uno de estos nombres rescata su dignidad del olvido y encuentra su reflejo físico en la propuesta artística que hoy viste las calles del pueblo.
Un mural que recuerda
Fruto de los talleres de reflexión colectiva, la propuesta plástica se plasma en un mural de ladrillos diseñado como una estructura opaca que empieza a resquebrajarse. La composición juega con el contraste cromático y la disposición material de los elementos para metaforizar la transición de la penumbra al reconocimiento público:
Ladrillos Tono Tierra
Representan la materia prima de las fábricas (el barro), el esfuerzo físico extenuante de las obreras y la densidad del silencio que ocultó sus historias durante décadas.
Ladrillos Azules
Evocan el color distintivo de las batas de trabajo que vestían las mujeres en la industria; se incrustan entre los bloques marrones como ventanas y tragaluces por donde se quiebra el muro y emerge la luz de la memoria.
Las piezas azules convierten la pared opaca en una celosía luminosa que proyecta su significado hacia el futuro intergeneracional del municipio.
Raíces, tallos y flores
Para hilar la genealogía del trabajo femenino en Jun, la narrativa visual del mural utiliza la metáfora botánica de un organismo que germina desde la profundidad de la tierra hasta abrirse en corola. Esta alegoría organiza el tránsito de las mujeres en tres etapas fundamentales:
Raíces (Las mujeres de las fábricas – 1940 y 1950): Encarnan el origen, la resistencia y el cimiento soterrado. Son las pioneras que, entre el barro, la fatiga y la falta de reconocimiento, sostuvieron a sus familias y fundaron las bases económicas de Jun desde un silencio impuesto.
Tallos (Las mujeres de los talleres – 1980 y 1990): Simbolizan el crecimiento, la fuerza heredada y la transición. Representan a la generación que continuó el legado productivo en los talleres del municipio, sirviendo de puente indispensable entre el sacrificio industrial de sus madres y abuelas y los nuevos horizontes de libertad.
Flores (Las mujeres de hoy): Representan la libertad, la expansión y la creatividad del presente. Encarnadas por las vecinas y participantes que hoy toman la palabra, son quienes recogen el testigo histórico para hacer florecer la memoria con plenos derechos sobre la tierra arada por sus antecesoras.
Esta continuidad vital demuestra cómo la resistencia del pasado se ha transformado en el motor de libertad que hoy impulsa a las nuevas generaciones de Jun.
El mayor logro de Huellas Jun radica en haber despojado al muro de su cualidad divisoria para convertirlo en un catalizador de luz y memoria compartida. Aquella pared simbólica que durante décadas significó aislamiento y postergación para las obreras de los tejares se presenta hoy dispuesta al diálogo. Al restituir la voz y el legado de las trabajadoras del barro, el municipio no solo salda un compromiso moral con sus mayores, sino que regala a sus jóvenes un referente de dignidad incuestionable.
Al romper el silencio e iluminar la tierra, el proyecto ‘Huellas’ ha logrado que la impronta de las mujeres de Jun quede esculpida para siempre, con surco imborrable, en el corazón vivo de su historia.


