En el marco de la Jornada de Corresponsabilidad y Políticas Públicas de Igualdad organizada por la Diputación de Granada, la catedrática de Sociología de la UNED y activista de la PPiiNA analiza por qué las medidas de conciliación tradicionales han fallado y defiende la urgencia de diseñar permisos intransferibles y bien remunerados
La Jornada de Corresponsabilidad y Políticas Públicas de Igualdad, organizada por la Diputación de Granada para el 7 de octubre se celebrará en la sede de la institución provincial. El núcleo del programa cuenta con la ponencia marco de la catedrática Teresa Jurado Guerrero (UNED / PPiiNA) sobre conciliación responsable corresponsable; seguida de: una mesa de experiencias prácticas que analiza iniciativas del medio rural y municipal como el proyecto «Serranas y Galanas» en la Serranía de Valencia, la experiencia de «Huéscar Corresponsables» en Granada y el abordaje del cuidado, la masculinidades y el despoblamiento.
La jornada finaliza con la presentación de recursos institucionales para municipios a cargo de Leonor Vílchez Fernández, así como las ‘ingeniosas clowclusiones’ de una relatora muy especial, María del Charco, que nos acompañará durante la mañana, y un espacio de encuentro durante el almuerzo.
La socióloga Teresa Jurado Guerrero, catedrática de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y activista desde 2008 de la Plataforma por Permisos Igualitarios e Intransferibles por Nacimiento y Adopción (PPiiNA), abrirá con su intervención: «Instrumentos para la Conciliación Corresponsable», la jornada. La investigadora aboga por una transformación estructural en la organización social del trabajo no remunerado en España y nos adelanta en nuestro blog ‘Igualdad en Granada’ algunos conceptos que tratará en su intervención.
El fracaso de la «conciliación en femenino»
Según explica Jurado, la conciliación de la vida laboral y familiar se ha tratado históricamente en el país como una gran dificultad estructurada por «horarios tan complicados que tienen muchas empresas» y por la «falta de políticas públicas». La experta señala que iniciativas legislativas pioneras, como la Ley de Conciliación de 1999, se elaboraron «siempre con la perspectiva puesta en las mujeres de forma muchas veces implícita, dando por hecho que las únicas que tienen que conciliar, las únicas que tienen que cuidar, son las mujeres». Ante esta dinámica, la catedrática recalca que «la conciliación tiene que llevar el adjetivo de corresponsable», argumentando que los varones poseen la misma capacidad para aprender y asumir las tareas de crianza y hogar.

Jurado advierte de que, ante la incorporación masiva de las mujeres al empleo en las últimas décadas, la única vía «para que realmente las mujeres podamos evitar el riesgo de pobreza» y mantener su autonomía es la implicación directa de los hombres en los cuidados. El valor económico del trabajo invisible Teresa desmonta el mito tradicional de que el varón es el único que aporta recursos económicos a la unidad familiar a través del empleo asalariado. Según las estimaciones expuestas por Jurado basadas en distintos estudios, las tareas domésticas y de atención a personas dependientes «aporta al menos un 25% según las estimaciones más o menos, al producto interior bruto». «Es un trabajo que no se paga, pero si hubiera que buscar a una persona en el mercado para que lo realizase, pues costaría un dinero, y mucho», argumenta la investigadora, quien equipara la magnitud económica de estas labores invisibilizadas con el volumen de «un sector casi similar al sector industrial».
Permisos intransferibles: La «regla de oro» internacional
Al analizar las herramientas laborales necesarias para transformar la cultura empresarial e institucional, Jurado cuestiona instrumentos tradicionales como las reducciones de jornada o las excedencias, dado que implican «ganar menos dinero» y penalizan la trayectoria salarial de las mujeres. En su lugar, defiende «los permisos intransferibles y remunerados al 100%» y la «adaptación de jornada por conciliación sin merma de ingresos» como pilares clave libres de discriminación. Citando análisis comparados a nivel internacional, Jurado formula la que denomina la «regla de oro» de las licencias parentales: «cuando los permisos son transferibles (…) los hombres lo transfieren a las mujeres y las mujeres lo usan debido a los estereotipos de género imperantes». Por el contrario, sostiene que «cuando los permisos son intransferibles y bien remunerados, entonces sí que los usan los hombres, garantizando su presencia en el hogar sin mermar los ingresos familiares».
De «ayudantes» a cuidadores autónomos
Respecto al disfrute de las licencias durante el primer año de vida del menor —al que califica como una «escuela de igualdad»—, Jurado introduce un debate crítico sobre la cantidad de semanas de disfrute simultáneo obligatorio entre ambos progenitores. La experta alerta de que, si la madre permanece presente durante todo el periodo, «ellos se convierten en ayudantes» en lugar de asumir la responsabilidad principal. Para fundamentar la importancia de que el padre cuide en solitario, la socióloga recurre a la investigación de la antropóloga y primatóloga Sara Blaffer Hrdy en su trabajo ‘El padre en escena’ . Según explica, cuando el hombre asume el cuidado exclusivo, se desencadena «un cambio también neuronal y de las hormonas» que consolida el apego afectivo y la autonomía en la crianza.
Juventud y papel de las políticas públicas
A la luz de los datos del Barómetro Juventud y Género 2026 del Centro Reina Sofía de Fad Juventud (en jóvenes de 15 a 29 años), Jurado destaca que «un 77% considera que la igualdad de derechos y responsabilidades es fundamental en una pareja». Aunque reconoce la existencia de un 22% partidario de modelos tradicionales y de un sector masculino ambivalente, asegura que un diseño institucional adecuado orientará a la sociedad hacia la equidad: «si estableces unas políticas de corresponsabilidad bien diseñadas y la pareja le dice que también quiere que comparta las tareas, esos hombres ambivalentes se van a ir del lado de la corresponsabilidad».
A modo de conclusión, la activista de la PPiiNA recuerda que la sociedad no alcanzará la igualdad efectiva mientras persista el desequilibrio entre ambos sexos, señalando que «las mujeres estamos participando en el empleo, pero ellos no han dado el paso en la otra dirección, hacia el trabajo de cuidados».


