Erika Carrillo Molina es psicóloga e imparte tres talleres vivenciales dentro del catálogo de la Delegación de Igualdad y Corresponsabilidad de la Diputación de Granada. Charlamos con ella sobre los beneficios de visibilizar y desarmar creencias interiorizadas que nos impiden construir relaciones plenamente saludables
El verano pasó, y aunque algunas personas reservan su periodo vacacional para septiembre; nos encontramos en una época en la que nos apetece volver también a la rutina. Prepararnos para los meses en los que poco a poco entrará el fresco, las responsabilidades educativas, laborales y de cuidados de este nuevo trimestre. Lo ideal es prepararse psicológicamente y poner todo el “mimo” en nosotras para comenzar de la mejor manera.
Hoy, en nuestro blog ‘Igualdad en Granada’ compartimos el trabajo y las reflexiones de Erika Carrillo Molina, psicóloga de orientación cognitivo-conductual, experta en inteligencia emocional, arteterapeuta y especialista en trauma. Con doce años de trayectoria en nuestra provincia y consulta privada en Granada, Erika lleva más de una década colaborando en proyectos de coeducación y con asociaciones de mujeres. Actualmente, imparte tres talleres vivenciales dentro del catálogo de la Delegación de Igualdad y Corresponsabilidad de la Diputación de Granada.
Romper inercias: más allá del discurso racional
En el camino hacia la equidad de género, la teoría suele ir un paso por delante de las vivencias emocionales. Como señala la propia especialista, aunque las mujeres han avanzado significativamente en la comprensión consciente del amor propio y el rechazo explícito a la violencia, a nivel inconsciente persisten resistencias ligadas al rol de género y a la repetición de mandatos de linaje. Erika nos cuenta que las mujeres tienen super interiorizado que no tienen que aguantar una situación que no les conviene o les hace daño, “porque ha habido mucha divulgación y un desarrollo educacional evidente”; pero a nivel inconsciente, dentro la dinámica, cuando les pregunta directamente, «¿Cuántas cosas aguantas?» Le dicen, «Si yo te contara».

Las barreras más profundas, según la terapeuta, no suelen expresarse con grandes discursos, sino que se instalan con sentimientos de culpa o vergüenza, e incluso en la habitual confusión entre el autocuidado y el egoísmo. Por ello, el objetivo principal de sus intervenciones es visibilizar e ir desarmando esas creencias automáticas que impiden construir relaciones plenamente saludables.
Tres talleres para reencontrarse: del debate al movimiento
Lejos de la clase magistral o la presentación teórica, las metodologías aplicadas en los talleres de Erika se basan en la dinamización grupal, el debate participativo y la vivencia corporal:
«Mi amor por mí, mi amor por ti»: Erika nos cuenta que mediante dinámicas de grupo, las participantes clasifican distintas afirmaciones sobre el amor romántico y el amor propio. En este ejercicio afloran contradicciones sutiles, como ubicar expresiones justificativas del tipo «no es para tanto» dentro del amor propio, cuando responden a patrones de resignación del amor romántico. Erika les muestra la diferencia entre egoísmo y amor propio, “propongo ejercicios o les expongo a escenas en las que trabajamos en colectivo”.
«Me alejo de todo lo que se aleja de mí»: Centrado en la balanza entre dar y recibir. Este espacio aborda la creencia cultural de que el amor femenino exige sacrificio o renuncia, acompañando a las asistentes a superar sus dificultades con el merecimiento y el acto de recibir. Erika ha comprobado que las mujeres en general mantienen “un rol que tienen muy interiorizado que siempre se coloca en el dar. De hecho, ellas prefieren colocarse en el dar que en el recibir.”
«Sanando mis heridas»: Prescinde de la teoría para enfocarse de lleno en el movimiento consciente mediante biodanza y danzaterapia. A través de ejercicios vivenciales, cada mujer explora sus propios bloqueos personales, tales como la dificultad para poner límites o el miedo a mostrarse y ser vista. Erika, que habla en primera persona también como víctima de maltrato a la par que experta en la materia, que “hay cosas como la culpa y la vergüenza que racionalmente no se entienden ¿Cómo alguien puede entender que una mujer maltratada se sienta culpable? Pues es irracional pero es así”.
Adaptación metodológica y la riqueza del entorno rural
Los talleres recorren municipios muy diversos de nuestra provincia, con participantes que suelen situarse entre los 40 y los 70 años. Esta variedad exige adaptar el enfoque pedagógico según el contexto y la franja de edad:
Sensibilidad con las mayores: Al trabajar con mujeres de edad avanzada, Erika evita confrontar sus esquemas de forma tajante para no desarticular los pilares que han sostenido su identidad. En su lugar, nos cuenta, recurre al humor y a dilemas cotidianos —como analizar a quién se le sirve la comida en primer lugar en la mesa familiar— para despertar la reflexión de forma amable.
Autenticidad y confidencialidad en nuestros pueblos: Aunque en los entornos rurales ha habido históricamente un menor acceso a la educación formal que requiere adaptar las metáforas pedagógicas, las participantes, según la experta, destacan por ser profundamente auténticas y directas. No obstante, al vivir en comunidades reducidas, existe un mayor celo por la privacidad, por lo que garantizar la máxima confidencialidad resulta clave para que se sientan seguras al compartir sus vivencias.
Un compromiso con la continuidad en el territorio
El impacto de estos espacios trasciende la sesión puntual. La conexión generada en los talleres lleva a diversos ayuntamientos a seguir colaborando con la profesional de manera independiente. No obstante, existe la necesidad de superar trabas burocráticas y limitaciones de agenda para poder ofrecer un seguimiento terapéutico más prolongado en el tiempo.
Para concluir, Erika reclama la importancia de que las instituciones sigan facilitando recursos constantes que permitan a los profesionales de la psicología y otros campos a desarrollar un trabajo continuado y cercano en igualdad en el medio rural, “no podemos cambiar a las personas con un taller pero haciendo un seguimiento más cercano se logran mejores resultados” señala.


