Ana Mena Fernández es terapeuta ocupacional y forma parte del equipo de la Asociación Llueven Culturas, con una década de experiencia en coeducación sexual.

Tabla de contenidos

Llueven Culturas: Cultivando la igualdad y el buen trato en las relaciones

Este mes de junio se celebra el Día Internacional de la Educación No Sexista y hablamos con Ana Mena Fernández, terapeuta ocupacional que forma parte del equipo ‘Llueven Culturas’. Una asociación con una trayectoria de una década que colabora con nuestra delegación para impartir talleres coeducativos que pretenden «acercar una visión holística y profesional de la sexualidad a toda la comunidad».

El 21 de Junio se conmemora el Día Internacional de la Educación No Sexista para promover una educación participativa e igualitaria en materia de género y diversidad sexual, con igualdad de acceso a oportunidades. Un día que señala toda una trayectoria en la construcción de espacios inclusivos para forjar una sociedad más justa y libre de violencia.

Para hablar de educación no sexista y coeducación entrevistamos en nuestro blog ‘Igualdad en Granada’ a Ana Mena Fernández, terapeuta ocupacional que trabaja con la asociación Llueven Culturas. Una asociación que nació en febrero de 2017 y está compuesta por un equipo multidisciplinar de mujeres profesionales de la sexología que incluye perfiles de educación social, periodismo, psicología y terapia ocupacional. Con casi una década de trayectoria, su objetivo es acercar una visión holística y profesional de la sexualidad a toda la comunidad, trabajando de forma horizontal y voluntaria.

Dentro de unos meses cumplen 10 años y están muy ilusionadas con la celebración de una década de trayectoria de este proyecto que consideran más que una asociación, “es una familia, somos todas profesionales de la sexología, pero cada una está especializada en una disciplina: desde la educación social, periodismo, psicología, terapia ocupacional, «cada una desde nuestra profesión y perspectiva, pero siempre desde una formación sexológica oficial con perspectiva de género, generamos proyectos con diferentes visiones, que yo creo que es lo enriquecedor», nos cuenta Ana. Para la experta, «todas las personas somos seres sexuales y eso parece que da derecho a que muchas personas opinen y quieran sembrar la dirección de hacia dónde tiene que ir la sexualidad sin ser profesionales. Eso es un problema porque la sexología es una ciencia con muchísima investigación, muchísima historia detrás con varias vertientes y varias ramas, y nos gusta pensar que en Llueven Culturas tenemos una mirada holística y amplia».

El equipo de Llueven culturas colabora con la delegación de Igualdad y Corresponsabilidad de la Diputación de Granada a través de diversos programas formativos de coeducación. Entre sus proyectos más destacados se encuentran:

Enredando: Enfocado en el uso de redes sociales y sexualidad. 

«Si yo ligo, yo elijo»: Un programa de fomento de la igualdad y los buenos tratos desarrollado por la asociación Llueven Culturas y vinculado a las subvenciones de Igualdad de la Diputación que nace con el propósito fundamental de fomentar la igualdad y las relaciones saludables entre la juventud.

A través de este programa, se aborda el consentimiento y libertad de elección. La formación dota a los jóvenes de herramientas esenciales para concienciarlos sobre sus propias decisiones, enseñándoles el verdadero valor del consentimiento y la importancia de saber decir que no. Paralelamente, se trabaja en la prevención de la violencia machista para evitar conductas de control, un área crucial que se aborda con especial sensibilidad para vencer las resistencias que a veces muestra el alumnado.

Para conectar con la realidad juvenil, el proyecto utiliza simulaciones y juegos de rol que permiten analizar cómo son sus dinámicas de flirteo o ligue. Esto ayuda a comprender qué buscan en una interacción y cómo gestionar adecuadamente la frustración o el rechazo cuando las expectativas no se cumplen de inmediato. Todo el aprendizaje se complementa con el fomento de un lenguaje no sexista y una educación sexual con perspectiva de género, orientada a construir vínculos libres y placenteros que sustituyan de forma definitiva a los viejos modelos basados en el miedo, la culpa y el silencio.

La propuesta se diferencia notablemente por su enfoque pedagógico y su gestión. Ana señala que emplean una metodología horizontal, adaptando el discurso al lenguaje de los jóvenes para garantizar que los mensajes calen de verdad. 

«Sembrar Semillitas» desde los 3 años

Para Ana, la educación sexual es vital en todas las etapas de la vida, ya que «el cuerpo nos acompaña desde que nacemos». Defiende que el impacto es mucho mayor si se empieza desde edades muy tempranas.

En la infancia (desde los 3 años): Utilizan canciones, bailes y dibujos para que los niños identifiquen su cuerpo, su intimidad, entiendan la diferencia entre lo público y lo privado, y aprendan quién puede acceder a su cuerpo y quién no. Materiales como el libro ‘Tu cuerpo es tuyo’, donde aparecen cuerpos diversos y desnudos, les resulta muy útil para que los menores pongan nombre a lo que sienten y a las partes de su cuerpo con propiedad.

También emplean canciones educativas diseñadas para que los niños se las lleven a casa y las compartan con sus familias. El objetivo de estas canciones ‘compartidas’ es que las familias entiendan junto a sus criaturas la importancia de hablar del tema sin tabúes y con respeto. Esto ayuda a las familias a naturalizar conceptos como «pene» o «vagina» y a perder el miedo o la vergüenza al hablar del tema; «nosotras decimos que sembramos semillitas en los talleres; es muy importante en que en casa se vaya transmitiendo, que lo vean de forma positiva y se naturalice».

El reto de la pxrnografía y la desensibilización

Ana nos comenta que los y las jóvenes acogen con mayor interés temáticas como la pxrnografía en las redes sociales, «porque es algo que les atraviesa mucho»; pero que muestran más resistencia a tratar sobre violencia de género o violencia machista, «algo que para ellos y ellas es más simbólico y está mucho más arraigado a la cultura, a posiciones políticas y ahí es cuando yo creo que es muy importante cómo transmitir la información y el uso del lenguaje para hacer llegar los valores de buen trato que nosotras pretendemos». En los programas diseñados para abordar de forma crítica el consumo de este contenido se trata de dotarles de herramientas para que no tengan problema, en primer lugar a la hora vivir su sexualidad, y después para defenderla ante terceros que puedan agredirlos.

En la adolescencia, comparte Ana, el enfoque cambia hacia la reflexión y el cuestionamiento de los aprendizajes erróneos adquiridos en internet. Uno de los puntos más críticos que la experta señala es el acceso temprano a la pornografía y su impacto en el cerebro de los jóvenes. Uno de los efectos es la denominada ‘anestesia sensorial’, Ana explica que el consumo constante de contenido violento y explícito genera una «desensibilización» en los circuitos de recompensa cerebral. Esto provoca que los jóvenes busquen estímulos cada vez más extremos o violentos para sentir placer.

IMG 20260616 174351 - Igualdad en Granada
Ana Mena Fernández en la Plaza Mariana Pineda de Granada donde le entrevistamos.

La experta advierte que ya no se consume solo sexo explícito, sino «violencia explícita sexual», donde se romantiza el maltrato y se cosifica especialmente el cuerpo femenino, una tendencia reforzada también por ciertos videojuegos. Ana comenta que con la adolescencia se parte desde un punto de partida mucho más lejano que con la infancia porque «quizás no hayan recibido toda la educación sexual que hayan merecido ni en instituciones ni parte de su familia y ya vienen con una tablet, con un dispositivo electrónico en la mano, con redes sociales y muchísima sexología o aprendizajes erróneos a través de las redes sociales y la pantalla, por un acceso muy temprano al pxrnx». Para Ana, no se trata únicamente que el contenido que vean pueda ser más o menos erróneo, sino que hay referentes a través de esas plataformas que les hablan, que les educan, que les enseñan con unos principios que están muy lejos de esta educación sexual real, holística y desde los valores del ser sexual y cómo nos vinculamos desde los buenos tratos, «hay mucho aprendizaje erróneo que tenemos que intentar deshacer». 

Ana, de LLueven Culturas, nos explica que en la actualidad la educación sexual no se refiere simplemente al uso del preservativo y la prevención del embarazo, sino que vá mucho más allá, «se refiere a dotarnos de herramientas para conocernos, saber cómo nos queremos vincular, aprender sobre el respeto, el consentimiento, saber qué elección y qué hechos u oportunidades queremos disfrutar y a cuáles decir que no». Comparte con nosotras que los estudios en la materia señalan que «cuanto más se habla de educación sexual, más claro se tiene todo, más conciencia se tiene de decir un no, de consentir, de dirigir tus actitudes sobre la sexualidad de una forma mucho más sana». Este camino es diferente a otras metodologías anteriores en las que se enseñaba la negativa a determinadas actitudes y actos utilizando la barrera del miedo, de la culpa, «ahora se trata de trabajar desde la perspectiva del disfrute, desde la libertad y desde unos pilares muy importantes de respeto y de consentimiento».

Conectando con la juventud desde la ternura

Si hablamos de juventud, tenemos que hablar de sus aficiones y una de ellas son los videojuegos. Charlamos con Ana sobre la hipersexualización e hiperrealismo que los menores pueden encontrar en los personajes interactivos. «El avatar siempre tiene unos pechos exuberantes, con comportamientos que señalan una sexualidad centrada en el beneficio del hombre». Ana alerta que a través de los videojuegos, los chavales jóvenes empiezan a asumir que tienen el poder y el derecho a decidir sobre cómo quieren el cuerpo de una mujer, el carácter, el comportamiento; «aunque también, por otro lado, está el posicionamiento de la mujer que piensa que es el hombre quien tienen que decidir y saber lo que le gusta». Advierte de la creación de unos roles de sumisión bajo un paraguas de violencia, de práctica de sexo con violencia, muy agresivo y sin consentimiento, «y eso es una problemática». 

Desde los talleres de Llueven Culturas «intentamos generar nuevas formas de deseo, de erótica, de expresar interés, excitación, de otras maneras de crear y consumir ese tipo de producto sexual que al final y en estos tiempos forma parte de nuestra curiosidad y de nuestra forma de madurar a nivel sexual, pero no desde lo inmediato, no desde el click», comparte la terapeuta. En Llueven Culturas trabajan junto a la juventud la búsqueda de formas saludables en el funcionamiento del deseo, que no esté vinculado a la a la violencia y sí al disfrute de uno mismo y la otra persona, «porque actualmente desde las plataformas digitales hay un acceso muy accesible a contenidos donde se romantiza y erotiza el maltrato a tu compañía sexual».

Para Ana no hay ‘trucos’ que funcionen para todas las clases. «Nosotras estamos acostumbradas a dar un taller cerrado con unas dinámicas preparadas, pero si el grupo te pide otra cosa, tienes que improvisar». Lo que sí tienen claro es que no pueden situarse en una posición de superioridad, el  ‘Yo te voy a enseñar’. «Es algo que llevamos por bandera, explicamos nuestra profesión, nuestra formación, que no paramos de actualizarnos en esta disciplina y que queremos intentar que miren desde otra perspectiva». 

El equipo de ‘Llueven Culturas’ utiliza muchas dinámicas y roleplay; «intentamos ponernos en su situación; cómo ligan, cuáles son las respuestas que dan, cuáles son las respuestas que buscan, por qué se comportan de esta manera violenta cuando no tienen esta recompensa inmediata o cuando una persona que les atrae no les da ese feedback positivo». Entonces, explica,  «desde la ternura, entendiendo también que puedan tener sus vulnerabilidades, sus inquietudes, sus dudas y que es normal que puedan pedir ayuda, que no les apetezca hacer lo que hacen otras personas les comunicamos que está bien».  

Ana nos explica que intentan promover la reflexión desde dinámicas con el enfoque: «Vale, esto es lo que tú piensas, pues vamos a intentar analizarlo o te felicito porque esto lo tienes claro». Para la experta, el equipo no trabaja desde la culpabilización sino desde el entendimiento: «Esta es la sociedad en la que nos ha tocado vivir. Tú tienes este acceso a estas plataformas digitales y yo estoy aquí para intentar cambiarlo, para intentar que todo lo que hagas a nivel sexual sea válido, respetuoso; para reflexionar que desde la misma manera que puedes ser víctima, también puedes ser verdugo sin que te des cuenta». Ana explica que desde la perspectiva y el lenguaje de la juventud, «podemos ir deconstruyendo esas capas que muchas veces no nos dejan que visualicemos las personas adultas, porque nuestros egos y nuestras jerarquías adultas con ellos, no funcionan». 

Horizontalidad y mentalidad propositiva

Ana considera fundamental contar con el alumnado cuando están realizando un taller, preguntar al principio: «Venga, ¿qué os apetece?» ; consultar al finalizar: «¿Qué os ha parecido?, responder a dudas; colgar preguntas típicas en las redes sociales sobre cuestiones que a lo mejor se han quedado en el aire en los talleres y ellos nos escriben de vuelta». Intentan transmitir que no se trata de dar lecciones sino de resolver dudas «para que disfruten de su sexualidad desde su perspectiva y sus inquietudes».

Para conseguir todo esto, el equipo de Llueven Culturas tiene que actualizar las dinámicas constantemente, «porque todo va muy rápido y salen nuevos vídeos, nuevos gurús en Instagram o Tiktok». Ana comenta que como en el caso de la infancia, utilizan y trabajan con sus referentes, aquellos que aparecen en redes sociales, «y vamos a hacer un análisis y darle un poco la vuelta». Sus talleres son dinámicos y con una actitud de escucha, «Entiendo tu posicionamiento; ahora te voy a contar el mío; y es verdad que entre uno y otro se puede llegar a un consenso interesante». 

Ana reflexiona de cómo en infantil y primaria, el alumnado tiene un pensamiento más igualitario, «no están tan contaminados o influenciados por redes sociales; mientras que en juventudes tempranas, en la ESO, encontramos más jerarquías entre chicos y chicas».  Algo que según la experta, no depende solo de la edad, también de los municipios, si son más grandes o pequeños, si están más cerca o más lejos de la capital; también de los grupos, «hemos encontrado grupos en municipios pequeños con capacidad de crítica, análisis y respuestas muy maduras y en otros nos encontrábamos con la normalización de que tu pareja te tiene que dar las contraseñas de sus redes sociales, o el hombre es el que tiene que pedirme salir o lo que hay que hacer en la cama porque es el que sabe, y claro, ahí tienes una barrera con un pensamiento tan rígido que muchas veces el cambio de tuerca o el cambio de opinión es muy complicado».

Ana nos explica que para impartir estos talleres y evitar la frustración tienen que desarrollar la mentalidad de que no van a producir cambios inmediatos en la juventud, «nosotras sembramos, pones ahí una idea y luego alguien tiene que ir regando: el cole, la familia, los amigos. Porque talleres de dos horas no pueden enfrentarse a la fuerza de las redes sociales, los anuncios, la ropa, la música, la forma que tenemos de comunicarnos, esa simbología tan brutal que hay dentro del lenguaje sexista. Nosotras intentamos plantar y acercar la educación sexual desde la transversalidad, poco a poco».

Facebook
Twitter
WhatsApp
Telegram
Email

Más artículos

Deja un comentario