En una imagen idílica de verano no puede faltar un libro entre las manos y un paisaje diferente al habitual. Este verano, aprovecha para descubrir nuevas autoras y acercarte a otras formas de mirar, contar y entender el mundo. Cada lectura abre una ventana a otras historias, otras voces y otras perspectivas.
El verano invita a bajar el ritmo y a leer con más tiempo. También es una oportunidad para descubrir historias que cuestionan los relatos dominantes, recuperan memorias silenciadas o imaginan futuros más igualitarios. Entre las novedades editoriales de 2026 y algunos títulos imprescindibles publicados en los últimos meses, estas son algunas recomendaciones para una maleta feminista donde las escritoras andaluzas ocupan un lugar destacado.
May R. Ayamonte, una voz consolidada desde Andalucía
La escritora onubense afincada en Granada continúa desarrollando una narrativa comprometida con la memoria, las violencias machistas y los conflictos sociales. Su novela ‘El latido de las mariposas’ (Contraluz, 2026) confirma esa línea de thriller con perspectiva de género que la ha convertido en una de las autoras españolas más interesantes de su generación. Además este año se ha liado la manta a la cabeza, qué calor, y ha publicado una novela juvenil ‘El maullido de la marisma’, ambientada en el Parque Nacional de Doñana donde Vera, una joven bióloga forja un vínculo inquebrantable con la naturaleza y especialmente con el lince ibérico.

Clara Pastor y la amistad entre mujeres
‘Erietta’ explora la amistad femenina durante unas vacaciones mediterráneas, lejos de los grandes dramas y muy cerca de las emociones cotidianas. Un libro que descubre lo que se esconde detrás de las fachadas.
Andrea Mejía y la naturaleza como resistencia
En ‘La sed se va con el río’, la escritora colombiana construye una historia donde las mujeres y el territorio dialogan desde una sensibilidad ecológica y política muy contemporánea.
Elena Ferrante: la amistad como territorio literario
Hablar de literatura escrita por mujeres y de amistad femenina lleva inevitablemente a Elena Ferrante y a su célebre tetralogía Dos amigas, cuyo primer volumen, La amiga estupenda, se ha convertido ya en una obra imprescindible de la literatura contemporánea.
A través de la relación entre Elena y Lila, Ferrante recorre varias décadas de sus vidas y construye mucho más que una historia de amistad. Hay rivalidad, admiración, deseo de superación, contradicciones, lealtades y rupturas. Pero también una reflexión profunda sobre cómo las circunstancias sociales, económicas y familiares condicionan las posibilidades de las mujeres.
La amistad se convierte así en un espacio de crecimiento y conflicto, pero también en una forma de resistencia y de reconocimiento mutuo. Una lectura especialmente apropiada para el verano, cuando muchas veces tenemos la oportunidad de reencontrarnos con aquellas personas que forman parte de nuestra propia historia.
Delphine de Vigan: los cuidados, la memoria y la dignidad
Si Ferrante explora la amistad, Delphine de Vigan se adentra en Las gratitudes en otro de los grandes territorios de las relaciones humanas: los cuidados y la necesidad de sentirnos acompañados cuando la vida avanza.
La novela gira alrededor de Michka, una mujer mayor que comienza a perder palabras y autonomía. A su alrededor aparecen Marie, una joven que mantiene con ella una relación muy cercana, y Jérôme, el logopeda que la acompaña en su proceso.
De Vigan construye una historia aparentemente sencilla que termina planteando preguntas profundas sobre la vejez, la soledad, la dependencia y la importancia de agradecer a quienes nos han ayudado a llegar hasta donde estamos. También reivindica algo que con frecuencia permanece invisible: cuidar y ser cuidado forma parte de nuestra vida y debería ser entendido como una responsabilidad colectiva, no como una tarea que recae de manera silenciosa sobre las mujeres.
Las gratitudes es, además, una lectura breve y delicada, de esas que pueden acompañar perfectamente una tarde de verano y permanecer con nosotros mucho después de cerrar el libro.
Una educación, de Tara Westover
En Una educación, Tara Westover reconstruye su propia infancia y adolescencia en una familia aislada de la sociedad y alejada de la educación convencional. Su acceso al conocimiento se convierte en una puerta hacia la libertad y en el camino para construir una identidad propia, más allá de las expectativas familiares. Un relato autobiográfico sobre educación, autonomía y la capacidad de transformar la propia vida.
Carcoma, Layla Martínez
En Carcoma, Layla Martínez construye una historia familiar atravesada por la pobreza, la violencia y los secretos heredados. Desde una casa que parece guardar la memoria de quienes la habitaron, la novela recupera las voces de varias generaciones de mujeres y convierte lo sobrenatural en una forma de hablar de la violencia, la memoria y las heridas que pasan de una generación a otra.
Comerás flores, Lucía Taboada
En Comerás flores, Lucía Taboada se adentra en la intimidad de las relaciones y en esas pequeñas contradicciones que forman parte de la vida cotidiana. Con una mirada cercana y lúcida, la autora habla de vínculos, expectativas, deseos y de la dificultad de encontrar nuestro propio lugar. Una lectura que invita a reflexionar sobre cómo nos relacionamos y sobre las ideas que hemos aprendido acerca del amor y de la vida en común.
Tres autoras andaluzas que siempre merece la pena recuperar
Una maleta literaria en igualdad no tiene por qué estar formada únicamente por novedades. También puede ser el momento perfecto para volver a libros que continúan dialogando con el presente.
María Sánchez es una de esas autoras imprescindibles. Su obra reivindica el mundo rural, recupera genealogías femeninas y pone en valor las voces de mujeres vinculadas a territorios y saberes que durante décadas permanecieron invisibilizados.
Elvira Lindo ha construido algunos de los personajes femeninos más reconocibles de la literatura española contemporánea. Su narrativa se mueve entre el humor, la intimidad y la observación social, alejándose de representaciones simplistas de las mujeres y mostrando personajes llenos de contradicciones, deseos y matices.
Remedios Zafra resulta fundamental para comprender nuestro presente. Su obra aborda cuestiones como internet, la precariedad, la creatividad, los cuidados y las transformaciones del trabajo, poniendo el foco en las desigualdades que atraviesan también los espacios digitales.
La igualdad en imágenes
Este verano, las escritoras vuelven a situar en el centro la memoria, los cuidados, el cuerpo, la amistad o la violencia estructural, pero también el deseo, el humor y la esperanza. Y entre esas voces, Andalucía sigue demostrando que cuenta con ilustradoras capaces de dialogar con los grandes debates contemporáneos desde una identidad propia.
La joven sevillana Adela Angulo, conocida como Adela por Dios, es ilustradora, médica y la voz de una generación que se identifica con su mirada frontal, sincera y sin edulcorantes. Desde un lenguaje cercano, espontáneo y personal, construye una comunidad en torno a contenidos que conectan con la cultura y con las inquietudes de las nuevas generaciones.
Su manera de comunicar huye de los discursos distantes y apuesta por la naturalidad y la conversación. Una forma de acercar también la literatura y la cultura a públicos que quizá no siempre encuentran en los espacios tradicionales un lugar en el que reconocerse.
Claudia GR Moneo (Jerez de la Frontera) se define como «periodista creativa que combina comunicación, ilustración y pedagogía para contar historias que importan». Desarrolla su trabajo como ilustradora desde una mirada propia, sensible y contemporánea. A través de sus dibujos explora el universo femenino, las emociones y las experiencias cotidianas, utilizando la ilustración como una herramienta para observar y reinterpretar aquello que nos rodea.
Su trabajo demuestra que también las imágenes pueden cuestionar estereotipos, poner en el centro experiencias que durante mucho tiempo permanecieron invisibilizadas y ofrecer nuevas representaciones de las mujeres. Cada ilustración se convierte así en una pequeña ventana desde la que mirar la realidad con otros ojos.
Ilustradora afincada en Granada, Olalla Ruiz utiliza la ilustración como una forma de expresión y de reflexión sobre el mundo que habitamos. Su trabajo conecta lo artístico con lo cotidiano y presta especial atención a las experiencias, emociones y realidades que atraviesan la vida de las mujeres.
A través de sus imágenes construye un lenguaje visual propio, capaz de abordar cuestiones sociales desde la sensibilidad, la creatividad y, en ocasiones, también desde el humor. Sus ilustraciones invitan a detenerse, mirar con más atención y cuestionar aquellas ideas y estereotipos que hemos aprendido a dar por normales.